¿Por qué insisten en querer cambiarme el nombre?
Hace unos cuantos años mis viejos eligieron “Giannella” como primer nombre de su segunda hija.
A los 11 ó 12 años, una compañera de la escuela creyó leer “Gilio” en mi firma y ese pasó a ser mi apodo.
Cuando empecé la facultad, mi nombre era demasiado complicado así que pasé a ser directamente “Tana” y ya, basta de si doble N, doble L o qué.
Unos años más tarde, la gente de la AFIP decidió unilateralmente rebautizarme “Gianella”. Vi el papel, revoleé los ojos y seguí en lo mío.
8 años después, en el robo número setecientosmil, desapareció mi DNI y con él mi nombre verdadero: en el nuevo DNI un inútil alguien del Registro Civil me anotó como “Gianella”.
Me quedaría con este nombre, si no fuera porque cuando vaya a renovar el pasaporte se va a armar un bardo. Además es un lío acordarse de cómo hay que firmar para que ningún funcionario despierto (que alguno hay) se dé cuenta de la errata y le agarre la paranoia acerca de si soy o no la misma persona.
Hace un rato, por un trámite X, mi papá me mandó mi partida de nacimiento. Menos mal: ya estaba empezando a dudar acerca de cuál era mi nombre original :S
Moraleja de todo este cuentito: Póngale nombres simples a sus hijos y evíteles problemas
One comentarios
Excelente! Moraleja anotada!