“Friends forever”

El día del amigo es uno de esos días terriblemente patéticos que, aunque uno quiera resistirse, siempre nos hacen pensar cursilerías. Como no podía ser de otra manera, caí en la tentación de chorrear grasa con este post, dedicado a mis amigos del alma.

Cuando era chica tenía cientos de amigos. Claro que el concepto de “amigo” que uno tiene en la infancia no es muy definido, y entran en esa categoría personas circunstanciales que, de mayores, entrarían raspando en la categoría de “conocidos”.

La adolescencia fue un poco más selectiva en cuanto a quiénes considerar verdaderos “amigos”, y por una razón bien definida: en general es durante la adolescencia cuando uno se da sus primeros disgustos con la gente. Es la pérdida de la inocencia: te vas dando cuenta de quién te engaña, quién es hipócrita, quién te traicionaría sin pensarlo… y por supuesto, quiénes te quieren de verdad, quiénes no te lastimarían nunca, quiénes te consideran como un hermano.

En mi caso particular, la adolescencia me dejó grandísimos amigos, de esos que se convierten en hermanos y siguen siéndolo el resto de la vida.

La adultez te va alejando un poco de tus amigos por diversas circunstancias. Con el laburo, la pareja, etc, se va complicando ver a los amigos y lo que en momento fue cotidiano se convierte en una rareza. Y más todavía si, como yo, te mudás cada dos por tres y terminás viviendo a unos miles de kilómetros de distancia…

Llega el momento de la verdad: si perdiendo el día a día perdés a la gente, es que no eran amigos posta. Los que sí son amigos de verdad son los que aunque no veas todos los días ni te juntes más a tomar mil litros de cerveza, igual siguen en tu cabeza y siguen haciéndote feliz cuando los ves (y con suerte vos también seguís haciéndolos feliz con tu presencia). Son esas personas que podés no ver por unos meses, pero que apenas te ponés a charlar te parece que los viste ayer. Un amigo de toda la vida puede no haber notado tus últimos 3 cortes de pelo, pero le basta mirarte un minuto para saber si sos feliz o si te pasa algo.

Quizá sea por eso que los amigos que uno hace de adulto no sean iguales que los que trae de otras épocas. No conozco ni a una sola persona que haya hecho grandes amigos en un trabajo, por ejemplo. Como prueba: cuando una de las dos personas cambia de laburo, listo, se terminó la “amistad”. En el mejor de los casos seguirán mandándose mails por un tiempo, hasta que el flujo baje y pierdan el contacto. O sea, no era amistad. Era una circunstancia, era ponerle onda a alguien que veías 8 horas por día.

A veces me tildan de huraña porque tengo una teoría respecto de los amigos de adulto. Ojo, sé que va a sonar mala onda (y muy probablemente lo sea), pero es lo que realmente pienso.

A esta altura de mi vida, con 31 pirulos, trabajo definido y familia numerosa de humanos y bichos de todas las especies (hija incluida), lo cierto es que sinceramente no tengo más ganas de hacer amigos. Y ojo, no es que crea que “hacer amigos” sea una tarea que uno puede proponerse y hacer así sin más, pero sí creo que es una actitud que uno puede tener (o no). Es decir, se puede estar receptivo a nuevas amistades o no. Yo la verdad es que ya no me considero receptiva en cuanto a nuevos amigos, y tengo la fuerte sospecha de que es principalmente por pereza.

¿Por qué pereza? Convertirte en amigo de alguien implica conocer sus gustos, su historia, sus sueños, sus ambiciones, sus miedos… su vida. Y la verdad, no me dan ganas de ponerme a contar mis historias ni de escuchar las de los demás.

Por suerte, la vida me regaló grandísimos amigos (amigas, especialmente) con quienes puedo contar toda la vida, y para quienes yo soy completamente incondicional. Estas personas me conocen a fondo, saben lo que pienso, qué cosas me gustan, cuáles detesto… Y yo sé muchísimas cosas sobre ellas, a tal punto que muchas veces podemos estar las dos pensando lo mismo en un momento determinado y disfrutar de esos momentos en que sobran las palabras.

Pero…

Uno de mis peores defectos es el cuelgue: puedo pasar meses sin llamar ni dar señales de vida a la gente que quiero mucho. Esto, que es pura tontera mía y no algo intencional, a veces lastima sin querer porque parece que a uno no le interesara lo que le pasa al otro. A algunos de mis amigos no les afecta, pero a muchos (especialmente a las chicas) les da rabia que sea así.

Sin embargo, y por suerte, estas grandes amigas que me dio la vida ya saben también eso: que el hecho de que no las llame no significa que no me importen ni que me haya olvidado de ellas.

Hoy, entonces, decidí escribirles este post.
Ojo que acá viene la parte insoportablemente melosa.

Debi, María, Marcela, Caro, Fernanda, Negro, Chirola, Ale, Lau, Mauro, Diego… los quiero más que el carajo, y los llevo conmigo donde quiera que vaya. Ustedes tienen un cacho de mi memoria y de mi vida. Pueden pasar mil años sin vernos, que cuando nos volvamos a ver y a compartir un mate, todo va a ser como si hubiese pasado solamente un día.

Aunque les parezca que desaparecí, acá estoy, siempre, pa’ lo que gusten mandar :)

Cuando yo era chica estaba de moda escribir “pirula y pirula, FFE”, siendo ese “FFE” por “friends forever” (para que vean que los floggers en realidad no inventaron nada, la estupidez viene de mucho antes :P).

¡Quién me iba a decir en ese momento, a los 10 u 11 años, que muchas de esas pintadas de friends forever iban a terminar siendo ciertas! Y acá estamos, veinte años más tarde, demostrando que eso de amigos para siempre resultó verdad. Por suerte :)

¡Feliz día, locuras!
Los quiero mucho :)

Publicado en Cosas personales | Etiqueta: | 4 comentarios

Hardcodear o no hardcodear, that is the question

Hoy me pasé horas hurgando código. Resulta que quería cambiar un par de cosas de la home de uno de nuestros sitios, así que me puse a analizar cómo cambiar cada componente de los que arman la home.

El detalle es que el sitio está programado sobre Symfony, framework que no usé en mi vida. Por lo que estuve leyendo en los últimos tiempos, se ve muy bien, pero claro, si uno no lo maneja se le complica bastante agarrarle la mano a la primera.

Cuestión que me puse a rastrear todos los archivos que tenía que tocar para cambiar los componentes. Cuando los encontré, intenté entender el código. Me encontré con Propel, que tampoco lo había visto en mi vida -yo, en mi ignorancia, buscaba el SQL viejo y peludo… cosa que no iba a encontrar dentro de la symfonyada :)

Probé cambiar varias cosas, logré unas mínimas pero no me convencía… Lo que yo quería no lograba hacerlo. Rompí, volví para atrás, rompí de nuevo, volví una vez más, modifiqué, hice una gilada y rompí dos, y así hasta que me di cuenta de que el día se estaba acabando y yo seguía con la freaking home.

En ese momento pensé: “pero a ver, ¿cada cuánto voy a necesitar cambiar esto? Si igual no voy a hacer un ABM para manejarlo desde el backend, ¿qué sentido tiene armar un componente completo para algo que va a ser prácticamente estático?”

Y ahí apareció en mi mente el diablillo que me susurraba “hardcodealo y listo”.

No me pude resistir: lo hardcodeé. Lo que era un componente que traía todo dinámicamente, lo convertí en un componentito estático minúsculo, cerrado, hardcodeado y que renderea en media millonésima de segundo (dato inútil, si el otro también iba a las chapas :P ). Claro, es un código estático y nada elegante, pero no le hace mella a nada, muestra lo que debe mostrar y ya.

Me quedé pensando entonces: muchas veces uno se mata programando cosas que en realidad son innecesarias. El miedo a hardcodear de los programadores es el mismo miedo a usar tablas de los diseñadores. A veces, algo que hardcodeando se solucionaría en medio minuto causa tanto terror en un programador que termina haciendo código inútil. Como cuando un diseñador reinventa la rueda creando una tabla con divs, sólo porque no se atreve siquiera a tipear “table”.

Ahí están mis archivitos con componentitos estáticos. Hechos en medio minuto.

Y me duermo con la conciencia tranquila, sépanlo, porque no rompí la lógica de nada, no tiré el MVC a la basura ni generé incoherencias de ningún tipo. Sólo me dejé llevar por la tentación de no escribir código al divino botón.

A veces hardcodear sí que rinde. Lo único vital es saber cuándo.

Publicado en Programación | Etiqueta: , , | 1 comentario

Incoherencias del marketing online

Encuentro un SEO español re interesante en twitter, empiezo a seguirlo. Entro a su blog, leo un poco, ¡me gusta!, voy al apartado “Sobre mí” para chusmear quién es, veo que trabaja para una empresa de marketing online en España.

Entro a sitio de la empresa, ¡me gusta!!! Decido suscribirme a su newsletter, pongo mi mail, espero el mensaje de confirmación… se rompe el hechizo: recibo un mail completamente en inglés, con un link de confirmación que me lleva a una página completamente en inglés, donde no puedo hacer nada más que… irme.

And now what?

And now what?

Dicen que venden email marketing, entre otras cosas. Ajá.

Una pena.

Publicado en Marketing | Dejar un comentario

Traduttore, traditore!

Es bien sabido que la traducción de textos es uno de esos campos escabrosos que sirven de liza para los amantes de la inteligencia artificial.

Desde que existen las computadoras que se están rompiendo los cuernos para tratar de desarrollar programas traductores que sirvan aunque sea para entender a grandes rasgos de qué se trata un texto y hacer una traducción, si no buena, al menos medianamente coherente.

Pero no lo logran.

Mirá esto y morite de la risa:

Traducción lamentable

Traducción lamentable

¿”Quería”? ¿Quería qué? Y lo de “los mundos más conveniente solución” (”world’s most convenient solution”) es lo más :)

Dentro de todo, el más “razonable” de los que conozco (por favor, nótense las comillas) es el traductor de Google. Pero así y todo no logran traducir coherentemente.

La traducción es un arte puramente humano. Sigue siéndolo. Y parece que mantendrá la exclusividad humana por un buen rato todavía.

Publicado en Programación | 3 comentarios

Creepy Halloween!

Es noche de brujas, y encima sábado, y encima hay luna llena.

¿Cuánto hacía que no se daban estas tres condiciones juntas?

Una noche absolutamente ideal para ponerse a leer a Lovecraft o, si somos más inteletuales, para agarrar nuevamente el queridísimo librito de Julio Caro Baroja :)

Lástima que en mi nueva casa de Costa Rica no tengo a mano ni Lovecraft ni Caro Baroja, así que me contentaré con un sabbath solitario mientras doy un paseíto a oscuras por la selva… Creepy Halloween!

Publicado en Microblogging, Pensamientos descolgados | 1 comentario